Hoy Guillermo del Toro parece una de esas figuras que siempre estuvieron destinadas a ganar. Tiene películas como La forma del agua, Pinocho y El espinazo del diablo, ha levantado Premios Oscar, ha trabajado con monstruos, fantasmas, criaturas imposibles y niños perdidos, y se convirtió en uno de los cineastas mexicanos más queridos del mundo. Su nombre ya no solo suena a cine: suena a imaginación, terquedad y una forma muy particular de mirar a los marginados.
Pero convertirse en Guillermo del Toro no ocurrió de la noche a la mañana. Antes de las ovaciones, los discursos emocionados y las alfombras rojas, también hubo pausas, miedo, falta de dinero, proyectos detenidos y esa sensación tan conocida de mirar alrededor y pensar que todos van más rápido. Del Toro no habla del éxito como quien presume un camino limpio. El cineasta lo cuenta como alguien que se raspó varias veces antes de seguir.
La frase de Guillermo del Toro que volvió a encontrar a los jóvenes
En 2018, durante una charla en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara, Guillermo del Toro dejó una de esas frases que se quedan dando vueltas durante años. Frente a miles de personas, el director habló sobre la ansiedad de los veintes, esa etapa en la que muchos sienten que ya van tarde aunque apenas estén empezando. Su mensaje fue directo: "Ustedes están en la edad de la desesperación".
La frase no sonó a consejo bonito de taza ni a discurso de graduación. Del Toro no estaba diciendo que todo fuera fácil ni que el talento siempre encuentra camino por arte de magia. Hablaba desde un lugar más incómodo: la desesperación como un síntoma de vida, como esa energía revuelta que aparece cuando uno quiere hacer cosas, pero todavía no tiene dinero, contactos, estabilidad ni una ruta clara.
El cineasta también recordó que, cuando era joven, se sentía viejo. Llegó a pensar que ya no había logrado nada importante y que el tiempo se le estaba acabando antes de empezar de verdad.
Antes del Oscar también hubo años de pausa
La carrera de Del Toro suele resumirse con los grandes títulos, pero entre una película y otra hubo espacios largos. Después de Cronos, su ópera prima, no llegó de inmediato una fila perfecta de oportunidades. Más adelante vendrían Mimic, El espinazo del diablo, Hellboy y El laberinto del fauno, pero el camino estuvo lleno de esperas, cambios de rumbo y proyectos que exigieron una paciencia brutal.
Netflix
Esa parte rara vez entra en las versiones de su éxito. Desde fuera, su filmografía parece una línea ordenada: estreno, reconocimiento, siguiente película y premio. Desde dentro, puede ser un cuarto lleno de dudas, llamadas que no llegan y la presión de seguir creyendo en una idea cuando nadie más parece verla con la misma claridad.
La desesperación también puede empujar
En el fondo, el mensaje de Del Toro no romantiza la precariedad. Nadie necesita que le digan que no tener dinero, trabajo o certezas es poético. Lo que hace es cambiar el peso de ese momento: la desesperación no como prueba de fracaso, sino como una señal de que todavía hay deseo, urgencia y hambre de construir algo propio.
Con los años, aquella frase se volvió viral porque toca una herida común: la idea de que hay una edad correcta para triunfar, tener dinero, lograr estabilidad o demostrarle algo al mundo. La cultura de la prisa volvió sospechoso cualquier proceso lento. Si alguien no despega rápido, parece que ya falló. Guillermo del Toro desarma esa trampa con una sencillez y nos confirma que todavía hay tiempo.