Christopher Nolan ama jugar con el tiempo en sus películas, pero creo que nunca lo ha hecho de manera más interesante que en ‘Dunkerque’
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Estamos acostumbrados a sus narrativas no lineales, pero ‘Dunkerque’ de Christopher Nolan llevó la Segunda Guerra Mundial a algo más que un espectáculo de acción: la convirtió en una bomba de tiempo.

La Odisea es la muestra más reciente del talento de Christopher Nolan como director, pues su adaptación del poema de Homero ha sorprendido tanto a la crítica como a la audiencia, pero a lo largo de su filmografía ha demostrado que no solo es capaz de crear blockbusters que arrasen en taquilla, sino adaptar cualquier relato y época a su peculiar forma de contar historias: manipulando el tiempo.

La narrativa en retrospectiva de Memento, la escena final del tótem en Inception y las distintas dimensiones temporales de Interestelar son el mejor ejemplo de ello, pero para mí, la más interesante de todas siempre será Dunkerque. El acercamiento de Nolan al cine bélico parecía simple: una historia más sobre la Segunda Guerra Mundial de aquellas que a Hollywood le encanta premiar, y aunque no es la favorita de muchos ni se encuentra al top de su filmografía, creo que hizo un increíble trabajo al situar al espectador en distintos frentes.

Warner Bros.

La guerra contada en una semana, un día y una hora

En Dunkerque, Nolan no se preocupa por marear al espectador con una narrativa como lo hizo en Tenet, una cinta que muchos no entendieron y que otros podrían mentir diciendo que sí lo hicieron; sino que aprovecha cada segundo para relatar los horrores de la guerra desde distintas perspectivas y lapsos de tiempo: tierra, mar y aire, situando al público en tres combates distintos, igual de terroríficos cada uno.

Aunque podría considerarse un ensayo más del cine bélico, Dunkerque logra cautivarme desde los primeros minutos, demostrándome que el miedo puede sentirse tan extenso en cinco minutos, como lo hace en una noche entera. En su visualización del combate en la guerra, Christopher Nolan nos presenta la pesadilla que vivió cada uno de los soldados británicos para regresar de Francia a Inglaterra, una que no deja de ser estresante sin importar si dura horas o segundos.

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Lo que Nolan consigue al dividir la Operación Dínamo en una narrativa no lineal de tres escenarios y tiempos distintos es moldear el tiempo para que el espectador sea testigo de los distintos combates en la Segunda Guerra Mundial. A lo largo de una hora y 46 minutos, acompañamos a los soldados en tierra firme por una semana, en el mar por un día, y en el aire por una hora.

Cada perspectiva está integrada entre sí gracias a la edición de Lee Smith, quien se llevó un Oscar por su trabajo, pues logró envolver al público en una odisea no cronológica que invita al espectador a construir los hechos por sí mismo sin olvidarse que hay una misión de por medio: llevar a la mayor cantidad de soldados británicos de regreso a su territorio y evitar que las fuerzas enemigas interrumpan dicho objetivo.

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La prueba de que hay distintas maneras de retratar en cine bélico en Hollywood

Reuniendo nuevamente a un reparto coral con rostros ya conocidos en su filmografía como Cillian Murphy y Tom Hardy, Christopher Nolan se propone a retratar la guerra alejándose de la película recurrente que se estrena cada tres años en la pantalla grande: una que logra condensar la acción en tres temporalidades distintas de manera fragmentada.

El cine bélico no es mi género favorito, pero la exploración de Nolan logró cautivarme gracias a esa característica forma que tiene de contar una historia mientras manipula el tiempo. Dunkerque es una bomba tiempo que hace un tic-tac cada vez más fuerte por donde se le escuche, ya sea vagando por la orilla de la playa, a bordo de una nave familiar que intenta aportar su propio granito de arena a la guerra, o pilotando un avión de combate mientras trata de darle el mayor tiempo posible a sus compatriotas para que escapen.

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Hardy interpreta al piloto que termina sacrificándose en territorio ocupado para permitir que los soldados británicos, quienes lograron abordar las distintas embarcaciones civiles, tengan un camino limpio de regreso a casa, y aunque prácticamente solo vemos sus ojos a lo largo de toda la película, Nolan lo pinta como aquel superhéroe al que está acostumbrado a retratar en sus otras producciones.

Está más que claro que Nolan se ha convertido en un maestro de producciones a gran escala y se ganó el título de titán de los blockbusters, y aunque tal vez La Odisea pase a la historia como una de sus mejores películas, creo que Dunkerque lo llevó a un territorio que volvió más creativo al género bélico, uno mucho más interesante que el que mostró seis años después en Oppenheimer, y sólo por eso considero que la película es una de sus hazañas más grandes como cineasta.

Liz Hernández
Liz Hernández
-Redactora
Comparto cumpleaños con Chantal Akerman y Forrest Gump. Crecí aterrorizada por David Lynch y soy la fan número uno de Antoine Doinel.
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