Jim Carrey dejó pasar una segunda parte de La máscara, Will Smith decidió mantenerse lejos de Día de la Independencia: Contraataque y Jodie Foster tampoco regresó para continuar la historia de El silencio de los inocentes. Las estrellas pueden decir que no, aunque a los estudios rara vez les encanta escuchar esa respuesta cuando hay millones de dólares esperando detrás de una franquicia.
A mediados de los noventa, un actor acababa de protagonizar uno de los thrillers de acción más exitosos de su carrera. La película había recaudado más de 350 millones de dólares alrededor del mundo con un presupuesto cercano a los 30 millones, así que el estudio quería repetir la fórmula cuanto antes. La oferta para convencerlo era enorme, pero ni siquiera eso fue suficiente.
Keanu Reeves rechazó 12 millones de dólares por 'Máxima velocidad 2'
La estrella era Keanu Reeves y la secuela, Speed 2: Cruise Control. Después del éxito de Máxima velocidad, 20th Century Fox estaba dispuesto a pagarle alrededor de 12 millones de dólares para que volviera como Jack Traven junto a Sandra Bullock. Reeves leyó el guion y decidió quedarse fuera.
Mark Gordon Company
El principal problema era la nueva historia. La primera película había convertido un autobús que explotaría si reducía la velocidad en una persecución de casi dos horas por Los Ángeles. La continuación cambiaba las calles por un crucero secuestrado, una idea que al actor simplemente le parecía mucho menos emocionante para una franquicia llamada Máxima velocidad.
Reeves tampoco estaba especialmente interesado en enlazar inmediatamente otra producción física de ese tamaño. Venía de filmar Chain Reaction y terminó apostando por otros proyectos, además de continuar tocando con su banda Dogstar. Jason Patric ocupó entonces el lugar del protagonista masculino, mientras Bullock sí regresó como Annie Porter.
Fox dejó de contratarlo durante 11 años
La decisión cayó bastante mal dentro del estudio. En una entrevista publicada por The Guardian en 2019, se recordó que Reeves quedó fuera de las producciones de 20th Century Fox durante los siguientes 11 años después de rechazar aquella oferta. El actor, por su parte, nunca expresó arrepentimiento por haber tomado esa decisión.
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Eso sí: Reeves no se quedó literalmente sin trabajo en Hollywood. El veto estaba relacionado con Fox y durante ese periodo siguió haciendo películas para otros estudios. De hecho, poco después protagonizó El abogado del diablo junto a Al Pacino y Charlize Theron, y en 1999 llegó Matrix, la película que terminó empujando su carrera hacia otra dimensión.
Vista desde hoy, aquella negativa luce todavía más llamativa por cómo terminó funcionando la secuela. Speed 2: Cruise Control llevó la acción a un enorme barco, mantuvo a Bullock como protagonista e incorporó a Willem Dafoe como villano. La cinta recaudó alrededor de 164 millones de dólares en todo el mundo, bastante menos que los más de 350 millones alcanzados por la original.
Rechazar la secuela terminó abriendo otro camino
La primera Máxima velocidad había sido un momento clave tanto para Reeves como para Sandra Bullock. El actor ya venía de Point Break y Bill & Ted, pero Jack Traven lo convirtió en una estrella capaz de cargar con una producción de acción para un gran estudio. Para Bullock significó uno de los papeles que terminaron instalándola definitivamente entre las figuras más populares de Hollywood durante los noventa.
Reeves, sin embargo, prefirió moverse hacia otro tipo de proyectos. El abogado del diablo llegó en 1997 y dos años después apareció como Neo en Matrix. La película de las Wachowski convirtió al actor en el rostro de otra franquicia de acción, esta vez una que terminaría extendiéndose durante décadas.
La relación con Fox no quedó congelada para siempre. El periodo de 11 años terminó eventualmente y Reeves continuó construyendo una filmografía que más tarde sumaría Constantine y, por supuesto, John Wick. El rechazo a Speed 2 terminó siendo apenas uno de esos momentos en los que eligió una dirección distinta a la que Hollywood esperaba.