'Dark' temporada 3: Lo bueno y lo malo de la serie de Netflix (crítica)
Por Carlos Gómez Iniesta — 27 jun. 2020 a las 8:57
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La temporada 3 de 'Dark' cierra con grandes honores. La serie alemana de Netflix puede inscribirse entre las producciones internacionales más sobresalientes de la década. Aquí nuestra crítica.

Si para esta crítica se tiene que hablar de lo bueno y lo malo de la serie de Netflix, será mejor empezar con lo segundo. Para hacerlo, vale la pena preguntarse ¿se debe culpar a los directores o escritores por la complejidad de la historia que nos presentan en Dark? ¿No sería mejor culpar al público por una falta de compromiso ante una narrativa densa, intrincada y que exige atención en todo momento? No hay que clavarse en por qué Adan (Dietrich Hollinderbaümer) es el único con la piel quemada y otras pequeñeces: Las respuestas que verdaderamente importan ahí están. Aquí puedes leer algunas de las preguntas que la tercera temporada nos tenía que resolver. 

Es cierto, la tercera temporada de Dark es más compleja que sus dos predecesoras. Ahora no sólo se viaja en el tiempo, sino también entre mundos. Parpadear puede ser la renuncia a la total comprensión o al primer paso para aceptar que se tendrán que ver de nuevo los ocho capítulos de esta tanda. Incluso toda la serie. Viéndolo en retrospectiva, su paso lento y con capas infinitas puede hacerla más un tratado de filosofía que un vehículo de entretenimiento común y fácil pero, ¿eso es malo? Un rotundo no. Así lo confirmamos millones de personas que ya esperaban este 27 de junio para presenciar el fin del mundo creado por Baran bo Odar y Jantje Friese.

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Saltemos ahora a la dimensión de lo bueno. Iniciemos hablando de lo mucho que se jugaron en la temporada final. La respuesta es: Todo. Otras series se ahogaron en su propio misticismo. De LostGame of Thrones, estamos llenos de ejemplos en donde el tropiezo final deja una mancha indeleble en su legado. Pero no con Dark. La tercera temporada (¡oh el número tres) se arriesga a reinventarse antes de la despedida. Modifica locaciones, desempolva historias, agrega mundos, cambia personajes y presenta nuevos (qué interesante papel juegan Los Origenes interpretados por Claude HeinrichJakob Diehl y Hans Diehl). Pero cuando hay una trama tan redonda se entiende que esa era la mejor forma que se podía hacer. Ahora sabemos que así estuvo planeada desde el inicio y que confiaban tanto a que llegarían al final que decidieron avanzar por este pedregoso camino. Pero lo hicieron con sumo cuidado no sólo para mantener el axis mundi de los eventos (las cosas que tienen que pasar, pasarán), sino en el diseño de arte para lograr los estupendos mundos espejo.

Tres actores un sólo Origen. Uno de los personajes nuevos de la temporada 3.

No sólo el reacomodo de escenarios, sino también de las cicatrices y dolencias de algunos personajes y sus vestuarios dicen algo que se queda en la cabeza por horas. Aún después de verla completa es difícil explicar cómo una serie pudo mezclar la partícula de Dios con la desintegración familiar; los chismes de pueblo con intrincadas teorías cuánticas; el coming of age con con una secta de viajeros en el tiempo. Todo esto en varios años y en varias dimensiones. Los reto a que traten de hacerlo a alguien que no sabe nada de la serie a ver cómo los ve. Quizá el camino más fácil para contagiar el entusiamo es decir que todo se reduce a una de las historias de amor, la de Martha (Lisa Vicari) y Jonas (Louis Hofmann), que se convierte en una de las más trágicas pero más bellas que hayamos visto. Una pareja que, como filosofía jedi, se funde en el tiempo y el espacio junto con el todo. La muestra de que el amor es más fuerte que el tiempo y que efectivamente el final debe ser el principio de un todo. Por cierto, qué gran epílogo y redención para Hanna (Maja Schöne) durante la cena. Vale la pena analizarla una y otra vez.  

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Con esto, ha terminado una de las mejores series internacionales que nos ha dado Netflix a lo largo de, adivinen, tres años (y aún así, se ha ido sin premios importantes fuera de su país hasta el momento: Una auténtica reina sin corona). Más que una conclusión, la tercera temporada es la culminación de una de las obras más interesantes que nos ha dado la década y que debe de convertirla en la serie más importante de habla no inglesa de su catálogo. Tardará para que encontremos una propuesta como Dark otra vez. Por lo pronto, espero que sí se queden con lo prometido: La serie debe concluir con tres temporadas, el número de la perfección de lo acabado. 

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