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    Sicario 2: Día del soldado
    Críticas
    3,0
    Entretenida
    Sicario 2: Día del soldado

    Más violenta y menos sustancial que su predecesora

    por Rubén Peralta Rigaud

    En los límites entre México y los Estados Unidos la guerra contra las drogas ya está fuera de control. Los traficantes de personas constantemente pasan como terroristas sin ser notados. Los agentes Matt Graver (Josh Brolin) y Alejandro Gillick (Benicio Del Toro) son llamados para poner en marcha un plan: desde el lado estadounidense, se planea comenzar una guerra entre los carteles mexicanos para que se debiliten entre ellos. Todo inicia con la planeación del secuestro de la hija del mayor jefe de la droga (Isabela Moner) y, obviamente, no todo sale como lo habían planeado.

    El cineasta Stefano Sollima (Suburra, 2015) es un experto del inframundo italiano y no tiene nada que envidiarle a Villeneuve en cuanto a estilo y a su capacidad para filmar la fealdad y la violencia estética. El romano llegó a Hollywood para narrar esta historia clásica sobre la frontera más transitada del mundo. En la era de Donald Trump, lograr este nuevo Sicario fue un desafío. Desde los primeros cinco minutos, la obsesión del populista con una pared que separa las dos naciones y una representación racista de los inmigrantes se refleja en pantalla (con una escena de ataque en un supermercado bastante escalofriante). 

    Sin embargo, el guión de Taylor Sheridan (Wind River, Hell or High Water) es una mezcla de clichés, con policías corruptos y sicarios del desierto mexicano. Una trama secundaria poco desarrollada y demasiado conveniente con un niño de Texas (Elijah Rodriguez) aumenta su irrealidad. Catherine Keener es presentada como una oficial del gobierno indigna de confianza, con una visión del mundo aún más oscura que la de Matt y Alejandro, aparentemente solo para asegurar que la audiencia no pierda simpatía con los héroes que constantemente están siendo amenazados por la lluvia de balas. Aunque el director trata de distribuir con eso los picos de violencia, la violencia en Sicario: Día del soldado se intensifica diametralmente a su predecesora, lo que no la hace precisamente una mejor secuela.

    Lamentablemente, la intensidad de la primera parte no se siente en esta película, la cinematografía mucho menos espectacular de Dariusz Wolski (Prometheus, The Martian) no hereda la de Deakins, cuyas estilizadas, febriles imágenes y planos secuencia –vaya planos secuencia– eran verdaderas obras de arte en sí mismas, llenas de tensión. El tono de desolación es una de las únicos motivos que mantiene a flote esta aceptable pero dramáticamente desequilibrada secuela que apenas unos minutos antes de la conclusión –ridículamente forzada y estructurada para vislumbrar Sicario 3–, suguiere que podría haber un precio que pagar por toda esta guerra desenfrenada de Estados Unidos. En otras palabras, Sicario: Día del soldado se defiende como un thriller elegante y dinámico, pero le falta todo lo que hizo muy buena a la primera parte. Principalmente que Sicario de Denis Villeneuve siempre tuvo un toque de esperanza entre la violencia y la crueldad. 

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