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    Regresar a mi cine y llorar con 'Cinema paradiso' (crónica)
    Por Mariví Vázquez Aguado — 3 jul. 2020 a las 13:27
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    Me arreglé como si fuera a ver al mejor de los amantes para regresar a mi cine después de muchísimo tiempo de no vernos. La belleza de 'Cinema paradiso' y mis emociones contenidas me hicieron verla toda con lágrimas en los ojos.

    La última vez que vi una película en pantalla grande fue el 1 de marzo, se acababa de estrenar Los caballeros de Guy Ritchie y en la tarde del sábado, ahí estaba yo. Uno de los hábitos que tenía en nuestra vida anterior, era, cuando llegaba el miércoles, revisar las carteleras de los cines de mi ciudad para ver los estrenos y organizar mi tiempo libre durante el fin de semana para no perderme nada.

    Pero el 13 de marzo todo cambió y las salas de cine también entraron en cuarentena. Nunca pensamos que fuera a ser tan larga y nos dedicamos a ver cine en pantallas pequeñas. Los miércoles iban pasando y las carteleras no se actualizaban salvo en las distintas plataformas, y coincidirán conmigo en que no es lo mismo. Si amas el cine, no es lo mismo. Las plataformas son una opción, un complemento, pero no una emoción.

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    Hace dos semanas, coincidiendo con la última del estado de alarma, algunos cines abrieron; en la pequeña ciudad donde vivo, abrieron hace una semana. La cartelera se pobló de reposiciones (El hombre invisible) y películas infantiles (Unidos) en un par de horarios entre la tarde y la noche, en lo que llaman cine de verano, que yo siempre asocio al aire libre y no a una sala cerrada. No me cuadraron los tiempos y lo dejé pasar, ahora sé que mi momento de volver no había llegado.

    Desde mi lugar favorito en la sala. Permaneció prácticamente vacía.

    Mi esperado, deseado y añorado reencuentro con el cine en pantalla grande se produjo unos días después, el pasado viernes. Por la mañana había escuchado en la radio un programa de cine hablando de los estrenos de la semana y, para mi sorpresa, supe que se iba a reponer en 150 salas de España Cinema Paradiso para celebrar los 35 años de su primer estreno. Me dije, es el momento, ¿qué mejor película que ésta, que es una carta de amor al cine?

    Visité la página del cine de Huelva en la que estaba programada, vi los horarios y compré una entrada, por internet, así hay que hacerlo ahora, con grave daño para quien trabajaba en la taquilla y con la ilusión de una nueva primera vez. De hecho, en el transcurso de la tarde miré varias veces el teléfono para asegurarme que lo había hecho bien, así de nerviosa estaba.

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    Una hora antes de la sesión, me vestí como para una cita muy esperada, me pinté los labios de rojo y fui paseando hasta el multicine, con la sensación y el deseo de quien va a encontrarse con el mejor de los amantes y al que hace mucho tiempo que no ve, preguntándome si nos reconoceríamos.

    No resistí tomar una foto de los créditos iniciales mientras la música de Ennio Morricone llenaba la oscuridad.

    Soy una mujer de rituales, así que llegué con tiempo suficiente para tomar un café antes de entrar en la sala. No me gusta comer en el cine, así que cuando quedaban diez minutos para el inicio de la película, me fui hasta el cine asegurándome de llevar la entrada lista en el teléfono para no perder tiempo; entré y me quede mirando la pantalla casi como una primera vez, es tan grande como recordaba, pensé. Le hice un par de fotos y me dirigí a mi asiento (siempre que puedo, medio patio de butacas, esquina, pared). Quité el sonido al teléfono y eché varios vistazos a mi alrededor, reconociendo el espacio, como si estar ahí fuera uno de mis lugares favoritos en el mundo. De hecho lo es. Al momento llegó un señor que se sentó al otro lado, solo estábamos él y yo, aun así mantuve la mascarilla puesta todo el tiempo y me sirvió como paño de lágrimas.

    Hice una foto al fotograma en el que sale el título de la película y me dispuse a disfrutar.

    A los pocos minutos de empezar la película, la música de Ennio Morricorne llenó la sala de la magia que solo él es capaz de crear y parecía que nos quería abrazar para darnos la bienvenida; creo que a la media hora ya estaba llorando, la película se presta y estaba dando rienda suelta a mis emociones. Lloré el resto del metraje, hasta la última palabra que salió en pantalla y mucho tiempo después, cuando volvía a mi casa envuelta en la sensación de quien acaba de pasar dos furtivas horas maravillosas y apasionadas con el mejor de los amantes y con la certeza de necesitar volver a verlo muy pronto porque el deseo nunca ha dejado de crecer.

    Te veré pronto de nuevo, querido. 

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