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    'Candyman' y la protesta de Jordan Peele contra el racismo a través del género de horror
    Por Tamara Cuevas — 24 ago. 2021 a las 19:00

    El cine de Jordan Peele se ha caracterizado por ser una crítica concienzuda sobre la sociedad norteamericana. El director y Nia DaCosta retoman la protesta a través de 'Candyman', producción que supone una respuesta al racismo que permea en EEUU.

    En las películas de Jordan Peele, la sociedad es el villano por excelencia. De la comedia al horror, el guionista, productor y director norteamericano ha encontrado un lienzo para plasmar la crítica social más inteligente y aprobada por la audiencia en los últimos años. Candyman supone el regreso de Jordan Peele a la pantalla grande, esta vez como productor y guionista del reboot dirigido por Nia DaCosta sobre el clásico de horror hómonimo de 1992. Candyman, también, supone un golpe más en la protesta de Peele en contra del racismo que permea en Estados Unidos. 

    Esta nueva versión, protagonizada por Teyonah Parris y Yahya Abdul-Mateen II, tiene la misma premisa que el clásico que la precede: di 5 veces "Candyman" frente al espejo y aparecerá en el reflejo para asesinarte. No obstante, la cinta toma su tiempo para representar la experiencia afroamericana en el país alguna vez liderado por Barack Obama, en el que aseguraban que el racismo y la brutalidad policíaca era cosa de la vieja era. 

     

    Los hechos recientes en la historia estadunidense han demostrado que el país de las barras y las estrellas está lejos de ser un oasis para la comunidad afroamericana. DaCosta y Peele retoman situaciones de brutalidad policíaca para encajarlas como una viñeta, un simbolismo, en la narrativa de Candyman. No es gratuito que la película insista tanto en frases como "Say his name" (Di su nombre) o "Say my name" (Di mi nombre) si tomamos en cuenta el asesinato de George Floyd y Breonna Taylor a manos de polícias blancos; el nombramiento correcto de las víctimas, así como de sus historias reales y no las inventadas por las autoridades, fue una de las maneras en que la comunidad presentó su respeto y rabia ante lo sucedido con ambos ciudadanos. 

    Refinery29
    Pancarta de protesta por el asesinato de George Floyd: "Say his name (di su nombre)"

    El horror se ha ocupado como un medio para la protesta, pero no es algo que haya inventado Jordan Peele. Si bien el cineasta es la figura que hoy representa esa manera de converger en un mismo molde la crítica social, el horror, los jumpscares y hasta la ciencia ficción, autores de antaño hicieron lo propio con cintas como The night of the living dead de George A. Romero o El bebé de Rosemary de Roman Polanski; y no es una coincidencia que ambas sean de las producciones predilectas de Peele. 

    Anthony McCoy, protagonista de Candyman, se convierte en un héroe agridulce, una metáfora dolorosa y profunda como las cicatrices de Estados Unidos. Tal como McCoy, en Get Out (2017) Guy Washington (Daniel Kaluuya) se convertió en la figura con la que la comunidad afroamericana podía verse reflejado fácilmente.

    'Get Out' fue la primera cinta de horror nominada al Oscar en la categoría de Mejor película

    Lo anterior no es arbitrario, Peele lo decidió así porque The Stepford Wives (1975) y El bebé de Rosemary (1968) tenían la misma característica: "Lo que hicieron dentro del thriller fue honrar al protagonista en una manera que raramente se ve en el género estos dias. Los protagonistas son inteligentes, investigadores; cada paso que estas películas hacen dentro de Pueblo Raro justifican por qué el personaje no sale corriendo asustado. Para mí ese baile entre lo raro y extravagante y demostrar lo fácil que es ejemplificarlo con el horror de la vida real era algo que yo quería en Get Out", declaró el cineasta The Hollywood Reporter en 2017.

    Aunque Candyman es completamente responsabilidad de Nia DaCosta, la huella y maestría de Jordan Peele están claras. La película es una consecuencia directa de la situación actual y por siempre racista de Estados Unidos; un cúmulo de simbolismos y guiños sobre la apropiación cultural afroamericana, los compartamientos tóxicos de la crítica de arte elitista y de lo fácil que es tergiversar las historias para servir al mejor postor

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