La revolucionaria y espeluznante película japonesa que hace 61 años cambió el cine de terror para siempre
Luis Fernando Galván
Interesado en las religiones del mundo y especialista en arte sacro medieval, mis géneros favoritos son las épicas de fantasía al estilo 'El señor de los anillos', 'Valhalla Rising' y 'El caballero verde', así como el terror religioso de 'El exorcista', 'Saint Maud' y '30 monedas'.

En 1964, el cine japonés estremeció al mundo con una película que mezcla erotismo, violencia y horror psicológico. Seis décadas después, su influencia persiste en clásicos y filmes contemporáneos del género.

Desde los silenciosos y expresionistas claroscuros de Nosferatu de F.W. Murnau hasta el perturbador retrato psicológico de Psicosis de Alfred Hitchcock, el cine de terror ha sabido renovarse constantemente. Cada década ha ofrecido obras que no solo asustan, sino que redefinen lo que significa sentir miedo en la pantalla.

En años más recientes, películas como Hereditary de Ari Aster o The Witch de Robert Eggers han capturado a nuevas generaciones con un estilo atmosférico, minimalista y cargado de simbolismo. Estas obras no emergieron en el vacío: deben mucho a filmes que décadas atrás exploraron la tensión psicológica y el horror existencial sin recurrir a efectos espectaculares.

Psicosis
Psicosis
Fecha de estreno 29 de marzo de 1962 | 1h 49min
Dirigida por Alfred Hitchcock
Con Anthony Perkins, Janet Leigh, John Gavin
Medios
4,0
Usuarios
3,1
Ver en HBO MAX

La importancia de ‘Onibaba’ en la evolución del cine de terror japonés y mundial

Uno de esos filmes clave es Onibaba de Kaneto Shindo, estrenado en 1964 y producido por los legendarios estudios Toho. Esta película japonesa, rodada en blanco y negro, no solo redefinió el horror en su país, sino que aportó herramientas visuales y narrativas que siguen vivas en el cine de terror contemporáneo, tanto en Japón como en Occidente.

Ambientada en el Japón del siglo XIV, Onibaba cuenta la historia de dos mujeres (una madre y su nuera) que sobreviven asesinando samuráis extraviados en los campos de cañas y robando sus pertenencias. Desde sus primeros minutos, la película expone con crudeza este brutal modo de vida, sin rodeos ni concesiones, marcando un tono radicalmente distinto al de otros relatos de horror de la época.

Toho

El frágil equilibrio entre ambas se quiebra con la llegada de Hachi, un desertor que trae la noticia de la muerte del hijo y esposo ausente. Este triángulo desencadena pasiones, celos y un profundo temor a la soledad que se convierte en el motor de la tragedia. Kaneto Shindo construye aquí un drama psicológico en el que la desesperación y el deseo resultan tan aterradores como cualquier monstruo.

El estilo visual es otro de los grandes logros de Onibaba. Shindo aprovecha al máximo el blanco y negro para crear una atmósfera inquietante: los altos juncos se transforman en paredes opresivas, los claroscuros revelan la amenaza latente en cada gesto y la máscara demoníaca que aparece en el tramo final se convierte en uno de los iconos más perturbadores del cine japonés.

Toho

Erotismo, violencia, supervivencia y soledad: las claves que hacen de ‘Onibaba’ un clásico

Pero más allá de sus imágenes, la verdadera fuerza del filme radica en su reflexión sobre la supervivencia. No se trata de escapar de un asesino o de derrotar a una criatura sobrenatural, sino de enfrentar la tortura de vivir en soledad, de perder los vínculos que hacen soportable la existencia. La vejez, la envidia y la desesperación se vuelven terrores tan universales como intemporales.

Hoy, a más de seis décadas de su estreno, Onibaba se mantiene como una obra insustituible dentro del género. No solo inspiró a cineastas como William Friedkin para El exorcista, sino que estableció un lenguaje visual y narrativo que el horror psicológico continúa explorando. Su crudeza, su atmósfera y su visión del miedo como un reflejo de lo humano la han consolidado como una de las películas más revolucionarias e influyentes de la historia del cine de terror.

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